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fevereiro 15, 2011 / rodaecruz

La deriva moral: de la consciencia humanista al sentimiento humanitarista.

La deriva moral: de la consciencia humanista al sentimiento humanitarista.

J. M. Bermudo (Universidad de Barcelona). 
www.ub.edu/demoment/Humanitarismo.doc

1. El contexto ético: del humanismo al humanitarismo.

Es frecuente interpretar la génesis del humanismo moderno como un proceso de doble registro, simultáneo y combinado, a saber, la humanización de lo divino y la divinización de lo humano, cuyo resultado final global sería la sustitución de Dios por el Hombre. La humanización de lo divino es la dimensión crítica, deconstructiva, desmitificadora, en la cual el hombre va reconociendo a Dios como obra suya y, en consecuencia, emancipándose de su sumisión, recuperándose de su alienación, liberándose de una ficción de trascendencia desde donde se definía su esencia y se dictaban sus deberes. La divinización de lo humano, en cambio, es la dimensión positiva del proceso, en la que el hombre se piensa a sí mismo como autor de la verdad y del valor, como señor de los fines, los límites y los ideales, incluso como creador del mundo (aunque sólo sea del mundo como representación, del mundo para-sí, pero que a nivel práctico es el que cuenta). Ese hombre divinizado, que pone su razón, y a veces sus voluntad, donde antes reinaba Dios, la naturaleza, la tradición o la autoridad, que se da a sí mismo un modo de ser, una esencia, un ideal, es el hombre-sujeto del humanismo moderno; sujeto en tanto que autor de sí mismo y sujeto en tanto que ligado, sometido (sujetado) a esa idea de sí, a esa morada que se ha construido.

Visto así, en el plano histórico cultural el humanismo moderno es sólo un programa de desteologización en el que se conserva lo sagrado; por tanto, no tardaría en ser sospechoso de insuficiente, si no falsa, emancipación, pues libera a los hombres de la trascendencia entregándolos al despotismo de lo trascendental. El pensamiento crítico siempre ha visto con buenos ojos la humanización de lo divino, al tiempo que sospechaba de la divinización de lo humano, donde veía, bajo la conservación de lo sagrado, el regreso enmascarado de lo divino, es decir, una nueva forma de alienación y sometimiento. La voz de Nietzsche, considerada tópica declaración de guerra a los restos enmascarados de lo divino en el hombre, llamaba a ajustar cuentas definitivas con Platón, Descartes y Kant, y asumir un mundo de hombres sin esencia humana, sin ideal humano[1]


[1] Textos como El existencialismo es un humanismo, de Sartre, y Carta sobre el humanismo, de Heidegger, responden a esta perspectiva. Hemos tratado este tema en J. M. Bermudo, ”Sartre o el humanismo impensable”. Convivium (en prensa).

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